La dependencia de nuestras emociones 

¿Has logrado estar sentado en silencio sin hacer nada, sin pensar, sin leer, sin prender la televisión o coger tu celular, incluso sin hacer un esfuerzo consciente de meditación? Lo cierto es que, si bien es posible sentarse sin hacer nada, la mayoría de personas se sentirán muy incómodas al poco tiempo de hacerlo. El motivo de esa incomodidad no es tanto el estar “sin hacer nada”, sino más bien el estar “sin sentir nada”.

Las personas nos hemos vuelto adictas a nuestras emociones, a esas emociones fuertes y agresivas como la alegría, el deseo, el entusiasmo, el vértigo, la nostalgia, la cólera, el suspenso, incluso el miedo. Cuando pasamos por momentos de nuestra vida que carecen de esas emociones, buscamos generarlas a partir recursos artificiales como la televisión, la lectura de novelas, el Internet, los video juegos, entre otros. Y cuando finalmente no contamos tampoco con esos recursos a la mano, recurrimos al pensamiento para generar emociones. Cada idea e imagen que pasa por nuestra mente es un disparador de emociones. Por ello, cuando no estamos haciendo o sintiendo nada especial, comenzamos a recordar cosas que ocurrieron, o a soñar cosas que vendrán, y mientras lo hacemos nuevamente experimentamos fuertes emociones asociadas a aquello en lo que pensamos.

El problema de buscar emociones todo el tiempo, recurriendo incluso a recursos artificiales, es que nos acostumbramos tanto a ellas que no podemos disfrutar de un espacio de legítimo silencio y paz interior. Otro problema cuando recurrimos al pensamiento para experimentar emociones, es que nuestra mente puede llegar a ser tan indomable, que finalmente no podemos evitar experimentar también emociones que no queremos, y sufrimos por ello.

Está bien muy bien disfrutar, e incluso aprender, de nuestras emociones, siempre que éstas se originen en estímulos de nuestra vida real, en el aquí y ahora. Está muy bien también experimentar ocasionalmente las emociones que nos producen un buen libro o una película. Sin embargo, también es muy importante que aprendamos vivir en el silencio, la paz, la armonía y la dicha de nuestro propio SER. Quienes añoran vivir esa paz y silencio interior, están listos para Despertar.

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